Hoy me siento extraño. Estoy muy preocupado con esta pandemia que nos ha devastado aquella seguridad que sentíamos en nuestra vida cotidiana, tan solo hace unas pocas semanas. Necesito que alguien me de un abrazo.
Vivo con impotencia, desde el otro lado del charco, lo que acontece en España. La epidemia y su desconcierto, llegan también a esta orilla. Es imparable. Y observo con frustración, que las personas, pasean por la calle ajenas a la gravedad de lo que viene.
Es cuestión de días que nos confinen en casa por ley (el Ayuntamiento de mi pueblo ya lo ha recomendado). Así que obedientes, permanecemos en el hogar, mis chicas y yo, haciendo Familia.
Estoy triste por los fallecidos y enfermos a causa de este virus. Pienso en sus familiares. Y en todas las personas que también han perdido algún ser querido estos días y no pueden encontrar el consuelo en un abrazo.
El abrazo de siempre, el de toda la vida, hoy no es posible. Tras esta experiencia, nos reencontraremos con el sentimiento inefable de un abrazo. También «redescubriremos» el recuerdo de otros sentimientos valiosos que un día el humano desatendió. Cómo hizo con tantas cosas bonitas de la vida que la madre naturaleza nos entregó, desde el principio de los tiempos.
Un abrazo es el AMOR.
