Abrió la puerta y brujuleó con su mirada en el interior de la discreta habitación. Su compañera de cuarto aún no había llegado.
Seguido, caminó unos pasos hacia la ventana que estaba entre las dos camas y allí se quedaron sus ojos pensativos.
Sin bajar la mirada del horizonte de su mente, dijo con voz suave, como para sí misma: “Está muy bien, me gusta mucho”.
Enseguida reparé en que al otro lado del cristal, habían puesto una calle trasera “feucha”, con vistas a unas paredes con grafitis y a unas románticas vías del tren. 😂
Ella no se dio cuenta. Lo cierto es que cuando se fijó, no le pareció importante. Enseguida comprendí que a Carmen todo le resultaba perfecto porque en realidad, sabía que lo verdaderamente importante era y es, la oportunidad que supone poder crecer allí.
Un mundo nuevo por descubrir y nuevas posibilidades de experimentar, pasarán por delante de su vida a partir de hoy. Y por supuesto, también un ruidoso tren, que atravesará de lado a lado su ventana y sus tímpanos, cada 15 minutos. 😅
Sin embargo, sé que mi hija se adaptará rápido a esa melodía férrea porque hasta esa novedad es música celestial para quien empieza a estrenar el sabor de la libertad y la independencia de vivir.
Cuando bromeábamos por las vistas reparadoras, le confié una evocación, con el paternalismo propio del padre que soy:
“Ya sabes hija que en la vida, no es verdad que los trenes pasan una sola vez. Pasan todo el rato. Así que lo importante es estar en la estación apropiada y a la hora adecuada, para tomarlos”. 😀
¡Qué ilusión ver a una hija feliz a los mandos de su vida!
Disfruta del día