Llevo varios días haciéndome el duro y conteniendo mis ganas de llorar…
Casi un año sin poder abrazar a mi padre, a mis hermanos, familia y amigos de España. No es fácil
Lo peor es que Marisa, mi mujer, ha perdido a su madre y no hemos podido ir a su funeral…no ha podido abrazarse con sus hermanos.
Y además, un amigo íntimo que sigue ingresado en el hospital por el Covid, aunque ya fuera de peligro, afortunadamente. Me dice ahora que el personal sanitario le trata de maravilla y está pensando mucho.
Acabo de preguntarle qué está aprendiendo de esta experiencia.
“Me está sirviendo para replantearme mi humildad”, me dice mientras nos despedimos.
Y su respuesta me hace replantearme mi humildad.
Vivamos la vida y sigamos aprendiendo.
Un abrazo a todos