La falta de empatía con uno mismo

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Nadie duda de que ser empático con los demás, puede favorecer el tejido necesario para construir relaciones saludables.

Todos sabemos que la comprensión recíproca se hace fundamental en cualquier conversación y negociación que quiera llevarse a buen puerto.

Sin embargo, en demasiadas ocasiones, nos olvidamos de la empatía para con nosotros. Así podemos llegar a convertimos en los peores jueces de nosotros mismos.

En mi paseo matutino de hoy, reflexiono sobre este tema. También comparto contigo alguna anécdota personal que me ha inspirado este pensamiento que quizás te resulte de utilidad.

Disfruta del día

Hola buenos días, cómo estás, un día más caminando por la vida. Hoy hace un día, no hace demasiado calor, está muy bien, yo creo que va a ser un bonito día. Quería compartir contigo una cosa sobre la empatía. Sobre una zona de riesgo a mi juicio que pueden tener las personas que sois, son, muy empáticas. No digo que siempre suceda, pero puede ser una zona de riesgo que quiero compartir contigo, porque a mi me sucedió. La empatía, lo he dicho muchas veces, es esa capacidad, esa predisposición que tenemos las personas de comprender, de entender, los sentimientos, las emociones de los demás. Los sentimientos ajenos. Siempre he dicho que para poder comprender y entender lo que les pasa a los demás, es muy importante o es esencial, primero, tener la capacidad de identificar nuestros sentimientos, nuestras emociones. Saber cómo nos encontramos nosotros mismos.

Es desde ahí que podemos tener la capacidad de entender y comprender a los demás. Y hablando de esta zona de riesgo en un momento de mi vida, aprendiendo a ser empático, quizás nunca fui demasiado empático, todavía creo que tengo mucho que mejorar, no creo que se acabe de ser empático al 100% siempre.

De los contextos, de las circunstancias vitales en las que estamos, de las circunstancias, de las temáticas, de las personas, eso cambia mucho. Requiere de una actitud un tanto activa, siempre digo, como casi todo en la vida. Estar predispuesto a. Pero yo en algún momento tuve la impresión de que si trabajando mucho la empatía y le comenté a alguien que, sin embargo, yo tenía la sensación de tener muchas piedras en la mochila, muchas cargas, pues estas cosas que traemos todos en la vida y que pensaba que igual desde esa empatía que tenía con los demás pues iba a aprender y que iba a conseguir aligerar todo esto. Y me dijo algo que nunca había escuchado. Me dijo: es que yo tengo la impresión en lo que te oigo, en lo que me llega de ti, que quizás eres una persona muy poco empática contigo mismo.

Aquello me llamó mucho la atención. Nunca había percibido o considerado la posibilidad de ser empático con uno mismo. Pero me hizo todo el sentido del mundo. Estoy siendo completamente empático con los demás, o tratando de serlo, pero curiosamente, conmigo mismo, soy muy duro. Soy súper exigente. Súper duro. Y me hizo todo el sentido y de vez en cuando pues me gusta mantener, y te recomiendo, si te estás sintiendo aludido con esto que digo, te hace sentido, como suelo decir también, pues hablad con uno mismo. Tened conversaciones, conversaciones privadas, en clave de amigo. De amigo empático, comprensivo. Y yo creo que de esa manera, uno aprende a soltar. A soltar y a mirarse, como digo tantas veces, de una forma un tanto más deportiva. Que es paradójico que seamos capaces de hacerlo con los demás, y muchas veces tengamos dificultad para hacerlo con uno mismo. Somos nuestros peores jueces, como se suele decir. Nada más.

Eso te traigo hoy, espero que sigas muy bien, caminando por la vida, en estos momentos complicados que están tan presentes de pandemias, de brotes, rebrotes, bueno, de todas estas cosas, pero que estoy convencido de que va a ser para bien, porque siempre todos estos momentos de incertidumbre, sufrimiento, de cambio, son auténticas oportunidades de crecimiento personal, profesional, familiar, de amistad, de todo tipo. Adaptarnos. Como hemos hecho siempre y seguiremos haciendo. Cuídate, que tengas un gran día. Chao!

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