El “milagro” de las pequeñas cosas

El milagro de las pequeñas cosas - Ignacio Isusi

Hace días que no puedo dar mi peripatético paseo matutino, debido a la responsabilidad que ahora impone el confinamiento. Un encierro domiciliario que aplaudo de muy buena gana, porque hace años que aprendí a obedecer, a mi instinto de supervivencia. Y como mi madre, también soy muy hogareño y lo más importante, «fan de la vida».

Hoy quiero decirte que soy muy consciente de todo lo que acontece en España. Sigo minuto a minuto, la evolución de la pandemia. Y lo hago con la lógica preocupación que tú también tienes. Ha fallecido la madre de mi amiga Alicia y un amigo al que adoro, acaba de ser ingresado por este motivo.

A pesar de todo (incluida la contumaz irresponsabilidad de algunos de nuestros gobernantes), permanezco con las ventanas de mi condición humana, abiertas de par en par. Con el objetivo natural, de que siga entrando en mi corazón el ánimo y la esperanza, que tanto necesitamos en estas circunstancias de incertidumbre y dificultad. Porque nunca he dudado de que somos un gran pueblo. Quizás demasiado ¿apasionado?.., para lo bueno y lo malo….en fin…

El «milagro» de las pequeñas cosas

Así que estoy sereno y confiado, porque los españoles somos solidarios de nacimiento. Cuando tenemos que defender a los de nuestro barrio, no nos gana nadie. Y todos sabemos que nuestro vecindario ahora es España. Juntos, haremos todo lo posible y también lo imposible para recuperar la LIBERTAD que se nos quedó, al otro lado de nuestros balcones.

Cuando tenemos que defender a los de nuestro barrio, no nos gana nadie. Y todos sabemos que nuestro barrio ahora es España.

Volaban mis recuerdos a otros tiempos de mi vida en los que he estado semi confinado por enfermedad o acompañando a pacientes de cáncer. Y después de hacer una evaluación de lo vivido durante el tránsito de aquellas experiencias del pasado, he rememorado muchísimos aprendizajes inolvidables.

Sobre todo, comprendí el valor incalculable que habita en las cosas sencillas de lo cotidiano. Es el llamado «Milagro de las cosas pequeñas» que me dijo el otro día, la genial Isabel Sabater Sánchez. Como las rutinas diarias «al aire libre». Que ahora extraño tanto y hace unas pocas semanas, pasaban casi desapercibidas a nuestro entumecido interés por lo que de verdad importa.

¿Recuerdas la maravillosa experiencia que suponía salir fuera de casa y perderse por una calle cualquiera de una ciudad preferida? Con la única intención de sentir el aire en la piel de la cara, o encontrarse con el cielo, las nubes y el sol… Y comprobar que permanecen ahí sostenidos bien arriba, como cada día desde el principio de los tiempos. O contemplar distraído el vuelo libre de un pájaro. O tocar el troco de un árbol, plantado al borde de una acera destartalada. O caminar descalzo por la hierba. O bañarse en el mar…o en un río de agua transparente. O detenerse para sentir la alegría inocente de unos niños jugando despreocupados en su parque de barrio. O quizás regalar o recibir un simple gesto de un vecino, tendero o conocido. O el «superabrazo» de un compañero de trabajo o de un amigo o familiar… ¡Y qué decir de los olores, especialmente en primavera! ¡Y las flores! ¿Qué será de ellas? ¡Hay tantos ejemplos! ¿verdad?

Un Planeta llamado Tierra, que pone a la Humanidad en su sitio, cuando nos pasamos de frenada.

Sí, aprendí a poner en valor, lo que era importante en realidad, porque un día entendí que la vida iba de otra cosa diferente, a lo que pensaba cuando era un humano «infantilizado». Iba sobre todas estas cosas sencillas que describía unas línea más arriba y otras muchas más. Las que encontrábamos en el día a día, y que son tan necesarias para nosotros los seres humanos que habitamos en este Mundo. Un Planeta llamado Tierra que pone a la Humanidad en su sitio, cuando nos pasamos de frenada.

Y no tengo dudas, de que vamos a aprender de este acontecimiento, lo que no está escrito. Un recuerdo indeleble que quedará grabado para siempre, en nuestra memoria y en la Historia. Ahora como antes nunca, debiéramos poner nuestra mejor energía al servicio de la transformación global que está viniendo. Un cambio de paradigma se acerca.

Estar bien atentos para poder disfrutar del proceso de aprendizaje, que supone transitar por esta experiencia incomparable. Y el que no tenga las ganas ni la intención oportuna, que se baje del tren. Siempre podrá seguir pasando de puntillas por la vida, como un trozo de carne con ojos.

Y el que no tenga las ganas ni la intención oportuna, que se baje del tren. Siempre podrá seguir pasando de puntillas por la vida, como un trozo de carne con ojos.

Y pienso ahora en que, además de seguir las instrucciones que nos señalan las voces autorizadas, puede resultarte de alguna utilidad, hacer el ejercicio mental de postergar la emoción en favor de la razón. Al menos hasta que despertemos de esta pesadilla.

Una oportunidad perfecta para aprender a mantener la calma y la serenidad. También para disfrutar de todos los momentos que tienen que ver con la autenticidad, las conversaciones en familia… con el Amor de toda la vida. Incluso puedes darte el permiso para aburrirte, crear fantasías en la imaginación, recapacitar, reevaluar…perderte para volver a encontrarte.

La vida nos está dando otra oportunidad. Sabes que siempre he defendido que el sufrimiento, “solo es el juicio que hacemos de lo que acontece” (Epicteto). Y que el ser humano, tiene una capacidad extraordinaria de adaptarse a todo, porque recuerda que “las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio (Charles Darwin)

Aprendamos juntos a adaptarnos a lo que está viniendo. Siempre nos quedará el disfrute con efecto retroactivo, de la felicidad vivida. Las cosas pequeñas, el valor de lo sencillo, esto era, es y será siempre la vida verdadera.

El ser humano merece mucho la pena. Juntos lo vamos a lograr, Bueno, nada más por hoy que he de preparar la cena a mis chicas.

Que nos sigamos queriendo mucho y encontrándonos en el Amor.

Ignacio.

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