A pesar de llegar el último

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Yo tenía 3 años. Lo recuerdo como si fuera ayer. Un niño tiró a la piscina un muñequito de plástico. Era un enanito con barba blanca.

Me quedé absorto unos segundos, al borde de la piscina, mirando como flotaba. Me preguntó si me atrevería a cogerlo. Muy confiado, di un paso al frente (literal) y me tiré al agua.

Desconocía entonces que no sabía nadar. Recuerdo que me hundí lentamente, y no hice nada por alcanzar la superficie.

Nunca olvidaré, el silencio y la paz que sentí cuando desde el fondo miraba hacia arriba, impresionado por la belleza de la perspectiva.

Luego vi que alguien con un pañuelo naranja en la cabeza se zambullía en el agua. Era mi madre.

Desperté al borde de la piscina rodeado de gente y con ella apretándome el estómago para sacar el agua que había tragado.

Lo curioso es que poco tiempo después, aprendí a nadar sin ayuda de nadie.

Fui corriendo a contárselo a mi madre. No daba crédito de mi hazaña.

Al día siguiente, participé en una competición. Llegué el último. Tragué mucha agua. Pero llegué. La gente aplaudía.

De mí dicen que soy valiente. Yo creo que cuando me lanzo a cumplir mis sueños , es solo que tengo la ilusión y confianza de aquel niño; que ganó mucho aquel día, a pesar de llegar el último a la meta.

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