Proyectarnos en los hijos

Me acaba de llamar mi hija al salir de un examen, para decirme que ha sido difícil y se ha puesto algo nerviosa.

Yo he escuchado sus explicaciones con atención. Y me he sentido espectador comprensivo y neutral. Porque seguramente, si hubiera sentido decepción, le hubiera hecho un flaco favor a mi hija y a mí mismo. Y confieso que no he tenido que disimular porque me he sentido como he descrito.

Creo que mi sentimiento le ha llegado por sorpresa. Prefiero que aprenda desde otro lugar, alejada de un chantaje emocional afectivo consciente o inconsciente. Sin las decepciones por expectativas frustradas de sus padres. Lo de proyectarnos en los hijos me parece injusto.

Ahora evoco que la vida es muy difícil cuando no hacemos por aprender a vivirla. Incluso llega a parecer un examen continuo, lleno de obstáculos que sortear.

Cuando encontramos la ilusión y las ganas por aprender, el esfuerzo se transforma en disfrute y la vida fluye con la naturalidad y facilidad con la que siempre ha fluido al otro lado de la ventana de nuestro ombligo.

Y recuerdo a Antoine de Saint-Exupéry “Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar libre y ancho”

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